miércoles, 19 de septiembre de 2012

RESUMEN

Se pueden hacer muchas cosas para superar el mal humor, pero primero, usted debe aceptar el hecho de que experimentará emociones desagradables algunas veces.
El estado de ánimo humano experimenta muchos cambios. Cuando la persona está en buen estado de ánimo se siente feliz. La vida es maravillosa. Cuando la persona se siente decaída, la vida es muy cruel. Generalmente estamos en un estado neutro, la vida es como es. Los estados de ánimo son parte de la vida. El cerebro reacciona a muchas cosas minuto a minuto, a su propia química, al ambiente, a los pensamientos, etc. Independientemente de que el estado de ánimo tenga leves variaciones o cambie de una hora a otra, hay cosas que pueden ayudar cuando experimentamos decaimiento. Aunque no puede esperarse que los siguientes consejos garanticen un estado de felicidad permanente, quizás le sirvan para encontrar maneras de recuperarse más rápidamente del mal humor.
Los primeros pasos
Se pueden hacer muchas cosas para superar el mal humor, pero primero, usted debe aceptar el hecho de que experimentará emociones desagradables algunas veces, tales como enojo, tristeza, ansiedad, culpa, frustración, etc. El identificar y aceptar los sentimientos negativos le ayudará a evitar añadir ansiedad al estado de ánimo desagradable que ya siente. Dejando eso a un lado, considere realizar las siguientes acciones inmediatas:
  • ¡Respire! Respirar varias veces lenta y profundamente puede hacer maravillas en las respuestas cerebrales y en su estado de ánimo.
  • Concéntrese en el momento actual. El pensar en el futuro con ansiedad o en el pasado con culpabilidad tiende a empeorar el estado de ánimo.
  • No retenga sentimientos negativos. Trate de visualizar lo siguiente: respire profundamente e imagínese que la respiración envuelve a los sentimientos negativos. Al exhalar, imagínese que las preocupaciones, frustraciones o lo que sea que le angustia se alejan de usted para ser manejados por un “poder superior”.
  • Distráigase. Algunas veces usted puede olvidarse de las preocupaciones haciendo algo que lo distraiga del problema, por ejemplo, organice su escritorio, lea las secciones cómicas, cualquier cosa que le haga pensar en algo diferente.
  • Confiéselo. Hablar con alguien comprensivo puede ayudar hasta cierto punto. ¡Repetir escenas que lo afectaron anteriormente podría causar que el mal humor persista más de lo necesario!
  • Escríbalo. Si tiene problemas para dejar que se vayan las emociones negativas, trate de escribir sus sentimientos.
  • Tómese un descanso. Si se siente abrumado por las personas, el ruido o la actividad alrededor suyo, trate de “escaparse" por lo menos unos minutos y vaya a un lugar privado donde pueda concentrarse en su respiración.
  • Haga ejercicio. Una caminata vigorosa durante 10 minutos puede mejorar su estado de ánimo, especialmente al aire libre y a la luz del día.
Permítase un pequeño placer
Las sugerencias anteriores pueden ser las únicas posibilidades si su estado de ánimo decae en el trabajo o en alguna otra situación donde usted no tiene la libertad de tomar otras decisiones. Sin embargo, si su estado de ánimo decae en casa, intente consentirse un poco para eliminar la tensión y levantar su estado emocional. Fíjese si algunas de estas sugerencias le resultan atractivas:
  • Encienda una vela con olor a lavanda o disfrute de alguna otra fragancia con efecto calmante.
  • Disfrute de un largo baño con sus burbujas perfumadas favoritas.
  • Pida a un ser querido que le dé un masaje o solicite los servicios de un masajista profesional, ¡ellos dan servicio a domicilio!
  • Vea una película conmovedora que lo haga llorar con ganas, o una película muy graciosa que lo haga reír a sus anchas.
  • Escuche música que lo calme o que le levante el ánimo.
  • Dedique un poco de tiempo a trabajar en un pasatiempo favorito, a tocar un instrumento musical o a alguna otra distracción que le levante el espíritu.
  • Tome una pequeña siesta, ¡quizás su bajo estado de ánimo proviene de falta de sueño!
    Intente un método de relajación, tal como meditación, yoga, relajación progresiva, etc.
  • Cuando el nivel de su estado de ánimo esté alto, comience un diario de bendiciones, una lista continua de apreciación de todas las cosas buenas que le ofrece la vida. Lea este diario cada vez que se sienta decaído.
A largo plazo
Supongamos que usted está dispuesto a intentar algunas de estas sugerencias. ¿Le siguen molestando en general sus cambios de estado de humor? Recuerde que todos tenemos estados de ánimo altos y bajos, es parte del ser humano. Sin embargo, cerciórese de ser usted el que controla las diferentes variables que afectan significativamente el estado de ánimo a largo plazo. ¿De qué modo alimenta usted su cuerpo y su mente con lo siguiente?
  • Hidratación y nutrición correctas, variadas y con un alto contenido de fibra, antioxidantes y vitaminas, y minerales esenciales. El añadir alimentos que contienen aceites omega-3 a la dieta puede mejorar el estado de ánimo.
    Cantidad de sueño adecuada
  • Ejercicios aeróbicos y de fortalecimiento con regularidad
  • Consumo limitado de alcohol, cafeína y azúcar refinada
  • Perdonar. Guardar resentimiento hacia usted mismo o hacia otros afecta el estado de ánimo.
  • Caridad. Ayudar a alguien menos afortunado es una manera maravillosa de levantar el estado de ánimo.
Cuando el decaimiento persiste
Ahora que usted dispone de acciones inmediatas, placeres que lo relajan e incluso cambios a largo plazo por los que puede optar, intente lo que más le atrae. No se fuerce a hacer ninguno de ellos, ¡eso seguramente empeorará su estado de ánimo! También debe prestar atención a la frecuencia, duración y gravedad de sus estados de ánimo bajos. Si se siente muy mal por más de dos semanas, vea a su médico. El médico puede descartar causas físicas de su trastorno emocional, tales como problemas de la tiroides, baja azúcar en la sangre, etc. él o ella puede recomendarle asesoría o medicación si tiene síntomas de depresión o un trastorno de ansiedad. Aun en el caso de que tenga algo más grave que un decaimiento momentáneo del estado de ánimo, las sugerencias aquí descritas pueden ayudarle en el tratamiento con terapia oral y medicación.

martes, 18 de septiembre de 2012

El estrés en la actualidad

La palabra ‘estrés’ se ha generalizado y cotidianamente define sólo sus aspectos negativos, ha adquirido una connotación negativa. En realidad, el estrés es un mecanismo 100% adaptativo, un proceso positivo e imprescindible para la supervivencia del ser humano.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) define el estrés como el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo para la acción.

Las personas nos referimos al hecho de estar “estresados” a la situación límite en la que o no tenemos los recursos necesarios con los que afrontar los estresores o éstos los consumen completamente, muy lejos de la definición de la OMS

Filogenéticamente, el estrés es un recurso que nos mantiene alerta ante los cambios del ambiente que pueden suponer un peligro para el individuo o el colectivo, anticipando las necesidades y los recursos necesarios para afrontarlos.

Actualmente, el ambiente y los motivos por los que se desarrolló el mecanismo del estrés en el ser humano han cambiado, los estresores de la vida moderna son otros que no tienen que ver con la supervivencia de la especie en el medio natural. ¿Cómo se ha adaptado el ser humano a este cambio? La relación entre estrés y activación no es lineal, sino que es en forma de U, por eso, la consecuencias más común de la vida moderna sobre el estrés es que éste se produce de manera continua, algo para lo que el mecanismo no está preparado, ya que no existe periodo de recuperación y termina desgastando, es decir, se produce en los extremos de la curva en forma de U.



Los estresores pueden ser de cuatro tipos:
  • Estresores únicos: son cataclismos y cambios dramáticos de las condiciones de la vida de las personas, por lo general afecta a un grupo de personas.
  • Estresores múltiples: afectan a una persona o un grupo de personas que sufren un cambio de gran trascendencia vital, como puede ser la paternidad/maternidad, el trabajo o la situación económica.
  • Estresores cotidianos: pequeños cambios en la rutina contidiana.
  • Estresores biogenéticos: son aquellos que ocurren independientemente de los procesos psicológicos, como pueden ser la ingestión de algunas sustancias, enfermedades, dolor, o calor y frío extremo.

El estrés, ¿un producto del siglo XX? Breve recorrido por la historia del diagnóstico y tratamiento del estrés


El estrés es un tema de sumo interés en la actualidad, tanto en la investigación científica como en el marco de la vida cotidiana. Ya en 1983 una revista de divulgación popular como Time consideraba el estrés como «la epidemia de los ochenta» y lo ubicaba como el mayor problema de salud en ese momento. La gran difusión que se le ha dado en las últimas décadas podría hacerlo aparecer como un asunto propio sólo del siglo XX y recién descubierto gracias a los avances de la ciencia moderna. Sin embargo, el hecho de que sea un tema de actualidad no significa que el estrés sea un fenómeno exclusivo de las últimas décadas, por el contrario, ya ha sido abordado y comentado desde siglos atrás.
Cary Cooper y Philip Dewe 1 , quienes han realizado una interesante y bien lograda revisión del concepto “estrés” en los últimos años, sostienen que en realidad los actuales psicólogos realizan un “redescubrimiento” del estrés en lugar del pretendido “descubrimiento”. Dichos autores nos recuerdan que el mismo término “estrés” había sido planteado ya desde el siglo XVII, cuando se hablaba de un cuadro de “fuerza, presión o tensión” afín a la histeria, a la neurastenia, al desgaste mental y a la tensión en el campo clínico de la psicología.
A pesar de que “estrés” es un término ampliamente utilizado, aún no se tiene una idea suficientemente clara y precisa sobre lo que el concepto abarca. En 1995, Sandín nos advierte sobre este problema:
«...llama la atención que después de medio siglo de profusa investigación del término estrés, aún siga siendo necesario delimitar el significado de dicho término en revistas especializadas. Y es que posiblemente no exista otro término en psicología sobre el que haya más ambigüedad y abuso. Es utilizado frecuentemente por psicólogos, médicos, psiquiatras, sociólogos... y por la gente en general, tanto en las conversaciones cotidianas como en la radio y televisión...» 2 .
Esto lleva a una saturación en el uso del término pues se utiliza indistintamente en el vocabulario del hombre moderno e incluso se cometen equívocos dentro del mismo ámbito académico. Como resultado, obtenemos un escepticismo por parte de unos y una explicación exagerada y omnipresente por parte de otros. Queda como tarea, entonces, caminar hacia una visión lo más completa posible de dicho fenómeno para buscar iluminar la realidad del ser humano contemporáneo en cuanto unidad biológica, psicológica y espiritual. El objetivo de este artículo es tomar en cuenta los principales hallazgos sobre este fenómeno para que su comprensión ayude a que el hombre moderno camine hacia una mayor integración como persona, de manera que ejerciendo con madurez el señorío de sus facultades y potencias, pueda realizarse plena y saludablemente. No ayuda, pues, ser negligente con un tema como el estrés y descalificarlo, así como tampoco, el calificar de estrés a cualquier situación cotidiana que exija de nosotros un poco más de entrega o sacrificio de al que estamos acostumbrados.
Un camino adecuado para esta tarea de clarificar el significado del término estrés y poder tener una mayor comprensión de sus manifestaciones será realizar un recorrido histórico, remontándonos a los antecedentes y usos iniciales que éste tuvo dentro del campo médico y psicológico. A continuación se presenta una sucinta revisión de hitos que paulatinamente han contribuido a perfilar un concepto más integral y que, por ende, responda mejor a la realidad humana.

Una breve mirada histórica

Siglo XVII

El término «estrés»

Al final del siglo XVII se plantea el término “estrés” con un acento “técnico” debido a que el físico inglés Robert Hooke (1635-1703) lo utiliza por analogía con el uso de la misma palabra en el campo de la ingeniería. A través de su “ley de elasticidad” explica y proporciona el concepto de “carga” (load), postulando que cuando una presión es aplicada sobre una estructura, ésta produce un efecto de “estiramiento”, generando un cambio de la forma; éste sería el resultado de la interacción entre la presión (o carga) y el estrés. El concepto de estrés es pues entendido aquí como la situación en la cual una exigencia externa actúa sobre un cuerpo y éste, análogamente a una máquina, se expone a un desgaste (wear and tear). Ante esta demanda, el cuerpo necesitaría “energía” proveniente del sistema nervioso para sobrellevar los desgastes. Por ello, los científicos relacionaron inicialmente el estrés con un “desgaste de la energía nerviosa”. Esto cobra particular relevancia cuando en el siglo XVIII los médicos plantean que la tercera parte de las enfermedades se debían a orígenes nerviosos 3 .
Vemos ya desde esta definición una sugerencia de que la persona puede pasar por situaciones que “sobrecargan” sus recursos físicos de tal manera que se dé una saturación que su sistema nervioso pueda no sobrellevar. Es evidente la impronta mecánica que por analogía ayuda a entender el plano más físico del impacto del estrés en cuanto fuerza desgastante. Dicho concepto, llevado rectamente a la realidad humana, ayuda a reflexionar sobre una recta exigencia personal que eduque para la entrega generosa en la medida de las propias capacidades y posibilidades según la realidad de cada uno.

Siglo XIX

El “desgaste nervioso”

Un hallazgo que avanza en esta línea se da hacia la llegada del siglo XIX, cuando el médico americano George Beard (1839-1883) describe un cuadro frecuente en sus pacientes como resultado de una “sobrecarga” de las demandas propias del nuevo siglo, y lo llama “neurastenia”. Este estudioso fue quien en 1868 popularizó el término “neurastenia”, aunque ya antes, en 1833, Van Dusen lo había utilizado en el Diccionario Médico Dunglison 4 .
Si bien es cierto que la neurastenia no hace alusión a un cuadro idéntico al del “estrés moderno”, Beard tiene el gran aporte de sugerir que las condiciones sociales y las exigencias de la creciente vida urbana moderna pueden suscitar un desequilibrio en la persona que podría culminar en una enfermedad mental. Esto, además, contribuyó a que los problemas psicológicos que entonces se calificaban como “nerviosos” perdieran el estigma que llevaban de enfermedad psiquiátrica. Estas nuevas ideas, además, dieron pie a que se plantearan nuevas y más humanas hipótesis de tratamiento que las aplicadas a las llamadas “enfermedades nerviosas”. Esta novedosa perspectiva, al considerar la realidad social del individuo, exige educar a la persona en un sano y adecuado afrontamiento de las exigencias del medio.
Paralelamente, en Inglaterra se diagnosticó una enfermedad similar, descubierta por el escocés George Cheyne (1671-1743), quien la presentaba también como propiciada por la situación social existente en ese momento, pero que, en este caso, se circunscribía sólo a la parte de la población de nivel socioeconómico alto. Por contar con este diagnóstico, los médicos ingleses no comenzaron a usar el término “neurastenia” sino hasta 50 años después que Beard. Robert Kugelmann (1992) 5 menciona que empezando en 1880, durante 40 años, el cuadro de neurastenia se consideró una enfermedad resultante de una sobrecarga del sistema nervioso que producía una serie de desórdenes por lo que se le llamó también «debilidad de los nervios» 6 . Otros nombres usados como sinónimos de esta enfermedad fueron “postración nerviosa”, “agotamiento nervioso”, “fatiga patológica” o “irritabilidad mórbida” 7 .
Beard consideraba una amplia gama de síntomas físicos y mentales tales como una alta ansiedad, fatiga extrema, desesperación, fobias e insomnio; e incluso problemas de atención, migraña, indigestión e impotencia sexual 8 .

Ensayos de explicación etiológica

La mentada neurastenia se ubicó dentro de las llamadas “enfermedades nerviosas” de esa época. Resulta interesante considerar las diversas explicaciones que se daban entonces para este tipo de enfermedades, ya que toman en cuenta variables que relacionan aspectos sociales y éticos con la enfermedad nerviosa.
En Inglaterra la llamada “english malady”, identificada por Cheyne, afectaba principalmente a la élite intelectual de dicha sociedad y se atribuía a un exceso de comodidad y pereza y a una dificultad para afrontar el momento de aflicción que atravesaban como civilización moderna. Beard, por su parte, consideraba que la neurastenia era un desorden propio de la “cultura moderna” motivado por el intenso y agitado ritmo propio de la vida urbana americana, que producía consecuencias negativas a nivel psicológico en las personas como el desgaste y el desequilibrio emocional.
Por otro lado, el médico británico Clifford Allbutt (1836-1925) sostenía en el Contemporary Review que el sistema nervioso no se debilita ni se agota por el esfuerzo ya que por naturaleza es activo. Allbutt estaba en contra de la opinión popular de que el siglo XIX estaba marcado por el estrés y los deseos insatisfechos; y más bien planteaba que en una época en la que las autoridades civiles se han debilitado, las personas se ven en la necesidad de una mayor autoexigencia moral y de un mayor autocontrol. No obstante, por el hecho de carecer tanto de la suficiente fortaleza interior como de un adecuado y maduro uso de su libertad para afrontar esta situación, se enmascaraban en quejas somáticas como las que son propias de la neurastenia 9 . Este planteamiento resulta interesante considerando que se aproxima a la realidad humana de una manera integral y toma en cuenta la necesidad de una “fortaleza” a nivel moral para poder responder también a nivel psicológico. En cuanto a la visión del desgaste nervioso y la incidencia perjudicial de éste en el organismo propiciando otras enfermedades, Allbutt era mucho más optimista que sus contemporáneos, pues consideraba que sus repercusiones en realidad no eran tan dramáticas. Para demostrarlo, aludía al hecho de que los efectos de la neurastenia no tenían consecuencias fatales en los pacientes que sufrían enfermedades cardiovasculares 10 .
Estas explicaciones del estrés guardan similitud con las que se elaboraron después, en el sentido de que tomaban en cuenta las variables sociales de la cultura moderna identificando situaciones universalmente estresantes. Además, sugieren un cuestionamiento acerca de si toda situación estresante enferma o si —como veremos más adelante— sólo un tipo de estrés resulta perjudicial para la salud física o mental de la persona.

Terapias propuestas

Otra área sugerente para la investigación es la de las propuestas de tratamiento que en esta época se aplicaban para las llamadas enfermedades nerviosas. Beard solía recomendar un tratamiento con electricidad ya que él mismo era electro-terapeuta y confiaba en los efectos benéficos de esta práctica. Sin embargo, la terapia que más éxito tuvo fue la famosa rest cure (cura de descanso) creada por el médico americano Silas Weir Mitchell (1829–1914). Éste es considerado un precursor de la aplicación de la psicología a la medicina, especialmente a las enfermedades nerviosas. En su conocida obra Fat and Blood (1877) recomienda una terapia que consiste en sacar al paciente de su ambiente acostumbrado y aislarlo pidiéndole que descanse en cama, que siga una dieta balanceada, que haga ejercicio, que escriba una autobiografía y que reciba una terapia de masajes 11 . Este tipo de terapia tuvo mucho éxito y posteriormente se le agregaron medidas como visitas a lugares naturales, estadías cortas en sanatorios mentales y finalmente alguna forma de psicoterapia.
Es así que vemos cómo hasta finales del siglo XIX, la terapia sobre lo que décadas después se definirá como “estrés”, atiende a una visión integral de la persona donde el aspecto cognitivo, el descanso, el ejercicio físico y la reformulación de hábitos (fundamentalmente dieta y sueño) adquieren un rol importante 12 . Como una medida terapéutica ayudaría a recuperar un “estilo de vida” que permita restaurar y asimilar las experiencias vividas para que la persona pueda afrontar nuevamente los desafíos que se le presentan.
En este siglo empieza el esfuerzo de la psicología por aparecer como ciencia y aparece el funcionalismo con William James (1842-1910) y su interés en lo práctico, alentando así la capacidad de adaptación del ser humano. En su perspectiva pragmática propone el concepto de fatiga como signo de “falla” en el ajuste exitoso del individuo a la vida moderna. Esto último sería lo propio del ideal de vida de una sociedad industrialmente productiva como meta de realización.

Siglo XX

Medicina psicosomática

Las primeras décadas del siglo XX también son testigo del acento en el concepto de estrés como enfermedad suscitada por una causa psicológica o “conflicto interno”, con ello se populariza lo que se llamará “medicina psicosomática”, término que alude a una relación de la psique con la enfermedad física. Lamentablemente, el campo fue aprovechado por el movimiento psicoanalítico que a inicios de 1920 empieza a producir “pseudo teorías” explicativas, basadas en conflictos inconscientes y en una visión determinista de un hombre que, manejado por sus pulsiones e instintos, lucha por sobrevivir entre su Superyó y su ello, siendo, la conciencia, presa de inevitables traumas y fijaciones 13 . Esto haría recaer un gran desprestigio sobre la medicina psicosomática por un largo periodo de tiempo.
Con el cambio de un paradigma fisiológico a uno con un acento más psicológico, el cuadro de neurastenia cambió de un diagnóstico somático a un diagnóstico psicológico y pasó a formar parte del nuevo lenguaje de la neurosis. Posteriormente, muchos lo retomarán de manera aislada y le darán el nuevo nombre de «fatiga crónica» 14 .

Mantener la homeostasis

Fue probablemente el neurólogo Walter Cannon, en 1932 15 , el primer investigador moderno que aplicó el concepto de estrés —en este sentido— a las personas, interesado principalmente en los efectos que el frío, la pérdida de oxígeno y otros factores ambientales (considerados estresores) producen en el organismo. Cannon partió de la hipótesis de que toda vida humana requiere mantener un equilibrio interior al cual llamaría “homeostasis” y en caso de cambios intensos se da un proceso de reacomodación a través del sistema endocrino y vegetativo.
Las investigaciones de Cannon lo llevaron a la conclusión de que a pesar de que un organismo pueda resistir un bajo nivel de estresores o un estresor inicial, cuando éstos son prolongados o de carácter intenso pueden provocar un quiebre en los sistemas biológicos. Dicha formulación es una valiosa intuición para los efectos dañinos del estrés crónico sobre la salud que actualmente se confirman gracias a los estudios sobre el sistema endocrino e inmunológico.
El enfoque de Cannon, además, define el estrés como un conjunto de estímulos del medio ambiente que alteran el funcionamiento del organismo. Al ubicar el estrés fuera de la persona, se hace necesario identificar, definir y entender cuáles son las situaciones estresantes, determinando así cómo y hasta qué punto los procesos fisiológicos afectan al ser humano en diferentes aspectos 16 .
De acuerdo a la teoría de Cannon serían los hechos y situaciones los que generan el estrés: si una situación considerada como estímulo provoca alteración emocional, agotamiento psicológico, debilitamiento físico o deterioro, entonces se califica dicha situación como estresante o “estresor”.
Una crítica planteada a esta postura es la de Weinman (1987) quien afirma que si se entiende el estrés de esa manera, las soluciones terapéuticas tendrían que orientarse al control de todas las situaciones que se presenten a la persona durante su vida cotidiana 17 . Esto es, a todas luces, imposible y va contra la esencia misma del dinamismo de la vida. Tal perspectiva pareciera concebir al ser humano como incapaz de enfrentar desafíos que exijan un sano quiebre de paradigmas de esfuerzo o de vivir experiencias de crecimiento a través del sacrificio y la donación. A pesar de ello, el enfoque del estrés basado en el estímulo resulta de valor porque permite identificar una serie de situaciones universales estresantes que sirven como puntos de referencia objetivos para comparar las distintas reacciones que presentan las diversas personas en diversos contextos sociales. Es por ello que la teoría de Cannon ha tenido una gran influencia en la psicopatología durante las dos últimas décadas. Esta perspectiva, sin excluir la importancia de la evaluación subjetiva que hace la persona ante la situación, brinda información relevante para profundizar en mayores investigaciones sobre el estrés 18 .

Hans Selye y la sistematización del estudio del estrés

Tomando los avances de Cannon, Hans Selye descubrió que en sus pacientes (1936) se presentaban ciertas constantes biológicas independientemente del tipo de enfermedad que sufrieran. A partir de dicha observación fue desarrollando una definición de estrés basada no ya en el estímulo (como la de Cannon) sino en la respuesta que dan las personas durante situaciones estresantes 19 . Por el desarrollo sistemático que realizó desde entonces, Selye es considerado por muchos como el “padre del concepto moderno de estrés” pues marcó un hito insoslayable en el desarrollo de dicha noción 20 .
De acuerdo a Selye, el agente desencadenante del estrés es siempre algún elemento que atenta contra la homeostasis del organismo. El estrés sería la respuesta no específica del organismo ante cualquier situación demandante, ya sea que se trate de un efecto mental o somático 21 . En un inicio, Selye consideraba que la respuesta de estrés era un mecanismo inherente a la situación: cada vez que se diera una demanda al organismo, se produciría una respuesta defensiva con el fin de proteger y propiciar la adaptación; él no encontraba diferencias en las respuestas dadas frente a estímulos agradables o desagradables 22 .

El sistema endocrino

Selye consideraba que esta respuesta de estrés era estereotipada e implicaba una activación del eje hipotálamo-hipofísico-suprarrenal y del sistema nervioso autónomo.
Tal proceso recibió el nombre de “Síndrome General de Adaptación” (SGA) y fue descrito como un proceso de tres etapas diferenciadas 23 :
a. Alarma: Se presenta en toda persona cuando el organismo percibe un agente que identifica como nocivo. En esta etapa de alarma se da una respuesta inicial de adaptación presentando diferentes síntomas y movilizando defensas para responder a la posible amenaza.
b. Resistencia: La anterior fase no puede mantenerse por mucho tiempo y da lugar a la etapa de resistencia, en la cual el organismo busca adaptarse al agente nocivo —también denominado estresor— y desaparecen los síntomas iniciales.
c. Agotamiento: Si el estresor continúa de manera crónica, finalmente el organismo ingresa en la etapa de agotamiento donde reaparecen los síntomas y se produce una ruptura de los procesos de recuperación, siendo incluso posible que el proceso culmine con la muerte.
Luego de una mayor evolución de su teoría, en 1974 Selye hizo una distinción entre estrés positivo y negativo. Llamó “eustrés” al estrés que se asocia a sentimientos positivos y procesos fisiológicos de protección y denominó “distrés” al estrés que se relaciona con sentimientos negativos y funciones destructivas para el organismo 24 .
Posteriormente, amplió el concepto al afirmar que el estresor no era exclusivamente de naturaleza física sino que también podía ser de naturaleza psicológica, como ocurre en el caso de emociones tales como el temor, la alegría, el odio, etc. Incluso consideró el factor psicológico como el más frecuente activador de respuestas ante situaciones estresantes, aunque dejando claro que no puede ser considerado como el único factor 25 .
El modelo del estrés, entendido como respuesta, ha recibido diversas críticas. Entre las principales, se cuestiona si las reacciones de las personas ante el estrés son en realidad tan uniformes como Selye plantea 26 . Resulta importante agregar que al realizar estudios comparativos de respuesta ante situaciones consideradas “universalmente estresantes” se encuentra que no todas las personas se estresan y por el contrario, algunas se fortalecen, lo cual luego dará pie a que la actual psicología positiva proponga el “fortalecimiento del yo” como fundamento terapéutico.
También se le critica a Selye el que considere la respuesta como automática y el que afirme que la persona se encuentra bajo estrés sólo cuando se presenta la fase de adaptación general, dejando minimizado el aspecto psicológico 27 .
No obstante estas críticas, los trabajos de Selye abrieron un nuevo e importante campo de investigación en la medicina y aportaron argumentos para postular que un estímulo psicológico puede provocar una respuesta fisiológica; al mismo tiempo, ofrecieron un marco teórico que posibilitó las investigaciones sobre el estrés en las ciencias de la salud.
Un desarrollo posterior sobre la concepción del estrés, que además significó valiosos aportes en el ámbito de la biología, es el del especialista en neuroendocrinología Bruce McEwen (1999) quien propone una formulación del estrés como “carga alostática”. Aprovechando el concepto de “alostasis” (Sterling and Eyer, 1988), que significa “mantener la estabilidad a través del cambio”, este investigador plantea que el desgaste propio del estrés es parte de la naturaleza humana y que las situaciones estresantes, a corto plazo, incluso tienen una función protectiva ya que nos habilitan para luchar frente a las amenazas, dificultades y obstáculos. El problema reside cuando los estresores son crónicos y dificultan la recuperación del organismo. La “carga alostática” se referirá entonces al wear and tear [= desgaste] que el cuerpo experimenta durante repetidos ciclos y que no permiten la “conexión” y “desconexión” de las respuestas necesarias. Uno de los efectos más dañinos es la supresión del factor protectivo que tiene el sistema inmunológico en el organismo contra las enfermedades 28 .

Un proceso dinámico

Harold G. Wolff entre los años 1940 y 1950 29 , aportó un elemento importante al enfocar el estrés como un proceso dinámico en el cual el organismo interactúa con el estímulo, implicando una adaptación a las demandas que se dan y ofreciendo la ventaja de apuntar a una definición mucho más integral y completa que las propuestas anteriormente presentadas.
Posteriormente, se desarrollaron teorías sobre el estrés que se basaban en la interacción. Lazarus es el principal representante de esta perspectiva. Él desarrolla el aspecto cognitivo y las evaluaciones adaptativas o desadaptativas que se pueden hacer sobre la realidad 30 . Desde esta visión, el estrés se originaría a partir de las relaciones particulares entre la persona y su entorno, por lo que se acentúan los factores psicológicos que median entre los estímulos (estresores) y las respuestas de estrés.
Actualmente una de las más reconocidas definiciones de “estrés” es justamente la de este autor, quien lo define como una «...relación entre la persona y el ambiente, el cual es cognitivamente evaluado como significativo y que excede a sus recursos...» 31 . En un inicio, Lazarus 32 planteó el concepto de evaluación centrándose básicamente en el estrés psicológico, donde podía distinguir tres estados (amenaza, daño-pérdida y desafío). Sin embargo, enriqueció su teoría desarrollando la noción de evaluación en relación a la emoción, permitiendo discriminar la variedad de emociones individuales que se presentan en una situación y que también afectan el proceso subjetivamente evaluativo o interpretativo. Con la investigación de Lazarus de los usuales patrones que propician el estrés se confirma que el subjetivismo y la distorsión de la evaluación de las situaciones son elementos que requieren de corrección para un adecuado y adaptativo afrontamiento del estrés. Esto resulta sumamente valioso para reafirmar la importancia de la interpretación que hace la persona de los hechos y la necesidad de educar en criterios y patrones cognitivos que conduzcan a una aproximación lógica, realista y objetiva a la realidad.

Un modelo sintético

El psicólogo Seldon Cohen (1997) quien ha realizado durante 25 años investigaciones sobre la relación entre estrés y salud, plantea un modelo que incluye los tres acentos en el desarrollo del concepto de estrés hasta la actualidad:
1. Experiencia de demandas del ambiente, estresores o eventos de vida.
2. Percepción subjetiva de sentirse estresado.
3. Activación de condiciones físicas y fisiológicas.
De los modelos propuestos, éste resulta muy sugerente pues dicho autor considera cada aproximación como un estadio propio del proceso a través del cual las demandas del ambiente son traducidas en cambios psicológicos y biológicos que ponen a la persona en riesgo de enfermarse. Cohen prefiere llamar “estrés” a toda la aproximación en conjunto del proceso 33 :

El sistema inmunológico

Finalmente, muchos investigadores consideran que el sistema inmunológico podría ser el principal mediador en la relación “estrés-enfermedad”. En un estudio meta-analítico, Segerstrom y Miller 34 (2004) reportaron que en los últimos 30 años se han realizado más de 300 estudios sobre estrés y el sistema inmunológico en humanos, y que los resultados han demostrado que los desafíos psicológicos son capaces de modificar muchas características de dicho sistema. Es probable que el estrés psicosocial agote la protección inmune local contra la invasión de virus o colonias de bacterias 35 .
Con el desarrollo de la psiconeuroinmunología, estas hipótesis están siendo reevaluadas para obtener nuevas luces sobre los mecanismos implicados en cuadros como el estrés. La psiconeuroinmunología es la ciencia básica que examina los vínculos estructurales y funcionales entre la conducta, los nervios, el sistema endocrino y el sistema inmunológico. Es una ciencia clínica que está estudiando las relaciones entre los estados de humor y el sistema de defensas del cuerpo, así como el impacto del aspecto psicológico en los cambios que se dan en el sistema inmunológico y los efectos que esto produce en la salud.
Segerstrom y Miller (2004) explicarán que es importante diferenciar el sistema inmunológico innato del adquirido, en vistas a entender mejor la relación entre estresores psicosociales y dicho sistema inmune. Las células que participan en los mecanismos innatos tienen diferentes propósitos y pueden atacar diferentes patógenos en un periodo corto de tiempo. Tienen una respuesta generalizada llamada “inflamación” y coordinan los complejos procesos de reconocer y destruir de todas las células del sistema inmunológico. Se comunican entre sí por medio de la segregación de unas moléculas llamadas citoquinas.
Las citoquinas son proteínas solubles sintetizadas y segregadas por células inmunes y son vitales para la regulación normal de la inmunidad en la persona. Estas proteínas actúan como mensajeros químicos entre las células inmunes y pueden tener efectos de amplio espectro: activan células inmunes, las dirigen para que proliferen y se trasladen a las áreas de infección o daño. Además, hacen que estas células se diferencien en clases. Un adecuado funcionamiento del sistema inmunológico reduce tremendamente la posibilidad de que se presente una infección o, en todo caso, la minimiza en cuanto a su duración e intensidad. En cambio, las fallas en el sistema inmunológico, que disminuyen la resistencia, se reflejan en importantes fuentes de enfermedad e incluso de muerte prematura 36 . Es así pues, que las citoquinas son un camino de investigación prometedor para explicar las relaciones entre el estrés, el cambio inmunológico y la enfermedad 37 .

CONCLUSIÓN

Hasta aquí, vemos que continúan las posibilidades de investigación técnica y científica que podrán ir perfilando mejor la comprensión del fenómeno del estrés. Sin embargo, si tomamos este recorrido breve en su conjunto, vemos cómo desde hace siglos se plantean intuiciones valiosas para la comprensión del estrés en la perspectiva de la relación mente-cuerpo y basadas no sólo en técnicas sino, sobre todo, en la experiencia clínica. Algo que resulta de particular relevancia es que la comprensión también integra aportes de las áreas social, ética y física, lo cual más de una vez se puede perder con la tendencia a la “especializacion” en el conocimiento. Estos aportes iniciales no sólo siguen vigentes sino que, cuando se toma en cuenta la psicología desde el siglo XVII, se enriquece el concepto de estrés con una carga de humanismo. Esto alienta a revisar otros conceptos y teorías en perspectiva histórica. La riqueza científica de la psicología contemporánea necesita tomar en cuenta siempre las intuiciones y hallazgos anteriores a la época de la valoración científica y estadística para lograr un cuadro integral que realmente ayude al ser humano.
El problema del estrés abarca elementos físicos y psicológicos y afecta la dimensión espiritual de la persona, presentando como característica principal la percepción subjetiva de la propia falta de capacidad para responder al desafío que se le presenta. Luego de lo descrito, es claro que a nivel físico genera una serie de síntomas propios del desgaste y puede suscitar la aparición de cualquier vulnerabilidad genética en la persona como un cuadro temprano de diabetes, hipertensión, asma, migrañas, artritis, obesidad y conductas compensatorias como consumo de cafeína, chocolate, cigarro y alcohol entre otros 38 .
En el área psicológica, además de la ansiedad mencionada, propicia cuadros de pánico y puede colaborar para detonar cualquier cuadro psiquiátrico que ya exista en la persona por predisposición genética.
Asimismo, en el área espiritual puede tener una influencia negativa al contribuir a la desesperanza y volver más difícil el propio combate espiritual contra los vicios o el cultivo de la vida interior. Definitivamente, nada determina absolutamente al ser humano; pero como unidad que es, sí es necesario considerar cómo resulta influenciado por factores diversos.
A la luz de lo expuesto, es importante considerar también que no toda persona agotada o con un ritmo de tensión intenso está estresada, y al mismo tiempo, no toda situación de estrés es negativa. La vida misma implica un dinamismo de conquista, de combate y de logro de metas según los propios ideales, y en esta línea, la vivencia de experiencias estresantes e intensas, si son de corto plazo y adecuadamente afrontadas, fortalece y prepara al sujeto para nuevas luchas. El aporte sobre los estresores crónicos y el efecto negativo en la salud nos ayuda a evitar situaciones de negligencia propia, ya sea a nivel de consentir hábitos de pensamiento distorsionados, estilos de vida caóticos o incluso metas que encajen con un criterio exclusivo de “productividad” y que conlleven un estilo de vida deshumanizante. El fin es servir al hombre en todo su ser integral y en ese sentido, fortalecerlo y prepararlo mejor para la fascinante aventura de vivir.